sábado, 8 de marzo de 2014

Impresiones de un viaje al Paraguay


"Estamos en medio de una sequía tremenda", se disculpó el guía de turismo. Me quedé mirando sus ojos para averiguar si a continuación sobrevenía la risa o si estaba hablando en serio. Si tal era el caso, su aseveración era delirante, porque la exuberancia de la vegetación era monstruosa. Lo que yo había visto de Paraguay desde el avión parecía un ser verde que todo lo devora, y una vez en Asunción se me ocurrió que la vegetación rebalsaba desde el interior de la tierra por todos sus poros como una lava verde y fresca. Las hojas de los árboles se empujaban entre sí para ocupar el espacio en un crecimiento frenético, donde se posaban, las matas desbordaban como la espuma, gigantescos mangos estaban tan sobrecargados de frutos que se asemejaban a sauces llorones, con sus ramas vencidas hasta arrastrase por el suelo.

Esto es lo primero que vi en un viaje a Paraguay en octubre de 2006. Fui invitado como periodista de turismo, para que escribiera sobre algunos lugares de Asunción que ofrecían servicios de alta categoría.

En el barrio Carmelitas se levanta el Hotel Sheraton. En un país cuya rutina política incluye convulsiones frecuentes, un hotel de tradicional alojamiento de empresarios y funcionarios del primer mundo está ubicado cerca del aeropuerto internacional.
Desde su terraza se observan las residencias del barrio, todas grandes mansiones con extensas piscinas y varios autos en la explanada del frente. Si se anda mucho por Paraguay sólo se comprueba lo que aparece en el primer vistazo: la gente es pobre. Sin embargo, hay ricos muy ricos. Los productores de cine que se dedican al scouting de locaciones deberían tener en cuenta este lugar si quieren ofrecer una Cuba prerrevolucionaria.
Para entretenimiento de esposas e hijos de los extranjeros que deben pasar un período en Asunción, frente al Sheraton, cruzando una avenida, hay un shopping mall. Allí se consiguen prendas de marcas internacionales, artículos de informática, artefactos electrónicos, relojes y otras mercancías de lujo a precios formidables, porque Paraguay es libre de impuestos. Realmente libre, con una libertad que incluye la clonación y la circulación de automóviles sin que interese su origen. Los aeropuertos internacionales se caracterizan por su control riguroso en cuanto a seguridad y a comercialización de mercancías, pero en el de Asunción es posible comprar, en un local perfectamente legal, por 30 dólares un reloj "Rólex".
Paraguay parece territorio donde no se teme el juego de la legalidad. La realidad alterna lo legal con lo ilegal de un modo tan relajado, fluido y total que debe enloquecer a los rígidos y enriquecer a los comerciantes más dúctiles, prueba de lo cual es la presencia inflamada de árabes y chinos vendiendo la maroma de chucherías de la Gran Feria Mundial.
Fervor de libertad tropical para los Rólex, los anteojos RayBan, los perfumes Annick Goutal, las carteras Louis Vuitton, las camisetas Lacoste y los iPhones. La versión Siglo XXI de El Gran Dorado. Espejitos de colores para la tilinguería global. Los días que estuve, el shopping mall fue sede de una fiesta para la que contrataron una manada de modelos argentinas, todas iguales, todas flacas, rubias, perras, posando decadencia occidental y superioridad racial. El público local estaba extasiado, los chicos disfrazados de actores de cortos publicitarios de autos y las chiquilinas intentando imitar la tonada de las porteñas conchetas.
En el centro de Asunción, está la Casa de Gobierno que fue residencia del Mariscal López. Algunas de las chiquilinas son descendientes de militares que lo acompañaron y a quienes él les repartió las tierras del país. El edificio tiene una fachada que da al centro de Asunción, corazón político del país, y otra que da al río, que conecta a Paraguay con Buenos Aires y el mundo. El agua llega hasta los pies del palacio en una bahía infestada de camalotes y mugre, de orillas indefinidas, hechas de barro y casillas miserables. Desde una de las ventanas del segundo piso, en la que los gobernantes observaron la llegada de la cañonera que trajo a Perón, observo a dos mujeres que amasan chiripá sobre una mesa. Alrededor tienen chicos y perros, y cumbia.

Estoy tentado de pensar que esta miseria injusta es el resultado de aquella historia que comenzó con un país próspero y terminó con una Triple Alianza Canalla de Argentina, Brasil y Uruguay que, sumisas a Inglaterra y los poderes capitalistas, lo aniquilaron como una maldición. En todo el país quedaron no más de 150 mil habitantes.
El guía de turismo nos explica que el Paraguay recién nacido pudo tener un desarrollo económico muy rápido, entre otras causas, porque su independencia fue un arreglo amistoso, sin derramamiento de sangre ni recursos, y luego porque el patriarca Gaspar Rodríguez de Francia decretó el cierre de las fronteras y así evitó la sangría de la riqueza nacional hacia Europa.

Para imitar a las porteñas hablando las chiquilinas tienen que suprimir con fuerza el irredimible acento paraguayo, en el que pervive la música del idioma guaraní. "Después de la guerra, quienes enseñaron todo a los niños fueron las mujeres, y ellas no conocían el español, que era patrimonio de los varones. El guaraní es un idioma onomatopéyico y descriptivo. Al trueno se le dice 'rajadura del cielo'; una planta se llama ka´arogue-morötí, que significa ‘planta de hoja blanquecina’, y cerrar los ojos se dice tesá-ryepy-ñomi, que quiere decir ‘esconder el interior del ojo’. Es un idioma muy propio, con una precisión detallista. Es temperamental, imperativo, fuerte, ofensivo. A quien lo habla le hace salir el indio de adentro. No es lo mismo decir hijo de puta en español que en guaraní. Es una lengua que es una manera de pensar. Toda la cultura nuestra de nosotros se hizo con el guaraní".
También explicó que "es una lengua que no deja vestigio. Es la sabiduría de la lengua, que sólo vive mientras vive el hablante. Y aún así, fue el sostén de un imperio, de Bolivia hasta el Río de la Plata, incluyendo el Paraguay actual y gran parte del norte argentino y el sur de Brasil. Hoy lo aprenden los coreanos, los menonitas y los japoneses". Es formidable encontrar un guía que verdaderamente sepa de lo que habla.
La combi en que este guía ilustrado nos está dando la explicación se detiene y una muchedumbre de niños se acerca. Golpean las ventanillas, nos piden. Les decimos que no, pero siguen pidiendo. Cada vez llegan más, ahora hay de diferentes edades, cada vez nos hablan con más prepotencia. Les seguimos diciendo que no, pero no cejan. Entonces el guía les dice algo en guaraní, en voz normal, sin gritar ni hablándoles de mal modo, y los chicos se van, con asombrosa mansedumbre. El guía nos explica que "les hablo en el mismo idioma que le hablan sus padres".
Más adelante nos detalla  que "hoy en Paraguay se habla el yopará, una mezcla de guaraní con español. Donde más puro se habla el guaraní es en la provincia argentina de Corrientes. Argentina y Paraguay están intrincadas entre sí. Paraguay era parte del Virreinato del Río de La Plata, en la posguerra fueron los argentinos los que repoblaron el territorio y hoy hay un millón de paraguayos en Argentina.

Como la dictadura de Argentina, la de Stroessner cometió la aberración de las desapariciones. Una plaza recuerda el tema, con un monumento hecho con una estatua que el tirano se había hecho erigir.

Nos detenemos en el museo en que se ha convertido el Cabildo. Hay artesanías actuales, piezas del arte sacro de la época del Imperio Jesuítico y restos de culturas guaraníticas, hechos de plumas, ramas, cueros, fibras vegetales, caracoles, dientes, pelos, pezuñas, calabazas. Nuevamente desborda la selva, aquí en materias primas. Los pueblos del interior son de tierra roja y rejas rojas, y verde de selva, y los ríos son de aguas rojas cubiertas por camalotes brillantes. El centro de Asunción es de cemento y no tiene estilo, pero también allí gana la exuberancia de anteojos y cámaras de fotos, relojes, MP4, playstations, autos y una espuma de fantasías que se disputan el espacio.

Cenamos en un restaurante tradicional. Se monta un show folclórico for export. Unas mujeres bailan moviendo sus coloridas polleras, luego haciendo gala de equilibrio salen al escenario con botellas paradas sobre sus cabezas, mientras un arpista crea una sinfonía de temas clásicos. Desde donde estoy sentado tengo vista, también a un pasillo al que da un pequeño cuarto, en el que descubro sobre un sillón al presentador del espectáculo, mirando en la televisión un programa de Argentina, en el que el showman Marcelo Tinelli presenta a actrices y bailarinas que hacen un número de cabaret, con un caño como un falo.

A la mañana siguiente visitamos Rakiura, un complejo deportivo y recreativo, en el que la selva ha sido civilizada, hay campo de golf, restaurantes, piscinas seguridad garantizada. Allí encontramos familias de los extranjeros que se alojan en el Sheraton. Alguien me dice por lo bajo que es inversión de un argentino a quien no se le preguntó cómo había hecho el dinero. Le observo que lo mismo se hace en Suiza y en cualquier país, y me responde que la historia entre lo que sale de Argentina y llega a Paraguay es muy particular.
Mientras charlamos observo una cancha de tenis. Hay dos nenas jugando. No tendrán más de 11 años, pero son muy desenvueltas, con una encantadora seguridad en sí mismas. No tienen instructor, ni disputan un torneo, sólo juegan. Parado junto a la red hay un muchacho mayor que ellas, de 16 o 17 años, moreno, enjuto, sumiso. Está allí para ser el ballboy de las nenas.


Octubre de 2006





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