lunes, 22 de mayo de 2017

Escuchemé


El señor alto de la gorra no sólo concurre a la verdulería frente a su casa para someter al verdulero a temas que a nadie le importan, ni siquiera a él, sino que se pone muy exigente con el verdulero, "¿ME ESCUCHA LO QUE LE ESTOY CONTANDO?" —mientras el verdulero está tratando de atender a otros clientes, que, a diferencia del señor, van realmente a comprar. Y para colmo abunda con pretericiones. Da largas referencias de lo que va a decir, como acotaciones previas, sin darle al verdulero la menor pista de qué va a decir.  ("lo que le voy a contar es algo con lo que muy poca gente, pero MUY poca gente está de acuerdo, ¿o no?"). Yo me desespero tanto que me voy.



Feo


Una mujer le dice a otra en el aeropuerto, esperando que se haga la hora para tomar el avión: "Cuando estaba enamorada de él, sólo veía lo que tenía de luminoso. Era un príncipe, altivo, soberbio, con esa cabellera como de un dragón. Y tenía ese toque de hijo de puta que me mataba. Ahora que eso se me pasó, estoy enamorada de su fealdad".
La otra ríe. Ella continúa:
"¿No es feo? A veces lo miro y pienso '¿cómo puede haber un hombre tan feo?' Y justo me tocó a mí. Peor, ¡lo elegí!"
La otra ríe a carcajadas.
"Pero podés creer que es por eso que me gusta. ¿Me podés explicar eso?"
"No".
"Y vos no te rías tanto, que el tuyo no es Alain Delon".









domingo, 21 de mayo de 2017

Rito de paso


Marce le enseña a su sobrino ahijado: “Tu vieja, Martita y la Noni (hermanas del sobrino) y las mujeres de tus amigos, no son mujeres. Con el resto de las mujeres del mundo permitís que pase lo que sea. Lo que no está prohibido, está permitido. ¿Me entendés?”
















sábado, 20 de mayo de 2017

Una lengua fantasma – Chatstorming con Miguel Ángel Petrecca


Miguel Ángel Petrecca
De los efectos secundarios del trabajo de la traducción, o de las cosas que podés soñar cuando estás en la recta final de la traducción (la más obsesiva) de una novela muy negra. Primero soñé que me perseguían por un crimen, como al protagonista de la novela. Después soñé que me estaban torturando o a punto de torturar en un sótano. De repente, sin embargo, me daba cuenta que mi torturador era chino, y debo haber pensado, oh, estoy salvado. Como quien cree que tiene un as en la manga, le dije, en chino: lentamente, por favor, pensando lograr así, en realidad, no sólo que fuera más suave, sino que, apiadándose de mí al descubrir que hablaba su lengua, se pusiera de mi lado y desistiera de torturarme. Pensamiento ingenuo y vanidoso.

Gustavo Ng
¿El torturador es tu soñado o sos el soñado por un torturador? Yo por intentar seguir tus pasos y meterme a jugar con algunos signos chinos, ahora tengo como efecto secundario, la tortura de que una cantidad creciente de palabras del castellano me parecen horribles, extranjerismos absolutamente inaceptables, pero sobre todo, palabras que arruinan nuestro idioma; voy camino a la pesadilla de que todo el castellano se transforme en algo espantoso.

Miguel Ángel Petrecca
Es que el chino es tu lengua materna fantasma.

Gustavo Ng
Esa es una pesadilla aún mayor.

Miguel Ángel Petrecca
O el fantasma de la lengua materna que podrías haber tenido.

Gustavo Ng
¿Tener como torturador, ser víctima de una lengua que no podés hablar, como una suerte de afasia existencial? Escribí ese cuento, por favor.

Miguel Ángel Petrecca
Me parece que sos vos el que lo tiene que escribir.





jueves, 18 de mayo de 2017

Corrientes y contracorrientes


Algunas chicas que reniegan de la femineidad obligatoria se dan de frente con el castigo de que, menos mujer, más varón se hacen, más le gustan a los tipos que menos les gustan.












miércoles, 17 de mayo de 2017

El disparo de la obra


Hay criterios íntimos para decidir la calidad de una obra literaria o una pintura, escultura, película, pieza musical.

Cada crítico debería ser honesto y confesar las suyas.

Para Vicente Moscuffo la coherencia interna, los sentimientos que causan, el sentido trascendente y especialmente el significado que aporta, son criterios excluyentes.

Pero sobre todo sobre todos ellos, Moscuffo dice que está la capacidad de la obra para disparar el pensamiento.




martes, 16 de mayo de 2017

Gente por ahí


Esto es lo que escribió una amiga esta mañana:

En el bar la acompañante le lee al anciano el horóscopo del diario. Ella es de Capricornio y «vos sos de Piscis, no Rober?», le pregunta. También le cuenta que «Macri se junta con empresarios en China». Él, como respuesta a todo, ofrece un silencio dócil, sospecho que fruto de la sordera. «Ah, mirá, esta está buena: Macri propone que los jueces paguen ganacias. Como pagamos todos», agrega la acompañante con acento provinciano.

Entusiasmado al leer lo que escribió mi amiga, sentado en un banco en la vereda veo que viene un tuerto. Un ojo lo tiene celeste lechoso y el otro muy entornado, como haciendo fuerza para ver por los dos. Va vestido con ropa de trabajo, pantalón y camisa caqui y borceguíes negros con punta de acero.
Lo sigo con la mirada. Quiero ver cómo anda, entre mucha gente, tuerto.
Poco después de pasarme, un grandote también con ropa de trabajo, igual, pero con un pulóver marrón, lo empuja y lo agarra desde el lado del ojo tuerto.
El otro tambalea y se pone tenso,  pero el grandote ya está a los gritos, con mucho júbilo.
El tuerto empieza a reírse también y entonces hacen una fiesta, gritándose cosas en un acento que no se entiende.
Cuando giran, en el momento en que yo me pregunto por el chiste que le ha hecho el grandote de atacarlo por el lado ciego, veo que el grandote también es tuerto.
Ellos siguen a las carcajadas. No me ven.