viernes, 24 de marzo de 2017

Agradecimiento


La oposición política está desmantelada.
El poder mayor, el que estuvo en la sombras en la dictadura militar del 76, ganó el Gobierno legítimamente. Tiene espacio para hacer cualquier cosa, y lo está haciendo.

Tenés incontestables razones para el desánimo.
Nunca mejor que ahora para entregarte a sentimientos como “siempre es lo mismo, no se puede hacer nada”.

Pero hay personas que hacen.
Bien o mal.
Con trayectoria intachable, con errores garrafales, con agachadas, con grandeza.
Pero hacen.
Se pusieron de pie en momentos peores que este.

Y la lucha de esas personas, algunas visibles, la mayoría anónimos, afecta tu vida.
Quién sabe qué sería de tu vida, la de tus amigos, tus hijos, tu familia, si esas personas no hubieran decidido hacer algo.

No hay que ser un héroe.

Alcanza con conformarse con “siempre es lo mismo, no se puede hacer nada”.





Contra la renegación

Desde La Perla, el centro emblemático de detención de Córdoba hoy espacio de la memoria, se ve la ruta a Carlos Paz. Un joven querido sobreviviente de ese centro, que ya murió, me comentó la extraña sensación de ver desde ese lugar los autos de quienes se dirigían a pasar el día o el fin de semana al aire "libre", mientras ellos habitaban en otro espacio… Esas personas que pasaban con sus lanchas en remolque, cómo hacían para negar lo que sucedía a pocos metros de allí? Bettelheim dice que un campo de concentración es una experiencia destinada a operar sobre la sociedad en su conjunto. Obliga a la renegación y a aceptar que hay otros que merecen ser eliminados. Las madres en la plaza, las marchas, el valor de los testigos, los juicios que finalmente se hicieron y se hacen, la búsqueda incesante de las abuelas, las baldosas, los hijos, las producción es del arte, los espacios de memoria, son todos dispositivos que desarman aquel efecto. Previenen del mecanismo. Hoy, como otras veces, y más que nunca, estaremos en la marcha. No sólo se lucha contra el olvido, se lucha por el reconocimiento de que esos mecanismos , para muchos, aún operan en el presente. Memoria, Verdad y Justicia no es una consigna referente a lo que pasó, sino a lo que no cesa. Las fuerzas y poderes que llevaron al horror, todavía existen.
Alicia Stolkiner, 24 de marzo de 2016 · Buenos Aires ·




martes, 21 de marzo de 2017

Este viernes 24 de marzo de 2017


Leí en algún lugar que el voto positivo para Scioli en las últimas elecciones presidenciales apenas superaba el 20% y que el voto positivo al PRO era aún menor.
No es de extrañar que apenas el Gobierno del PRO empezó a tomar decisiones en contra del interés de la gente, se haya levantado un murmullo de desaprobación.
A esta altura el grito es fuerte.

Este mediodía en una zona más bien alejada del centro de Buenos Aires (San Juan y Jujuy), no más de 10 docentes con uniforme de maestros de Jardín de Infantes cortaron sólo una de las vías de Jujuy, con carteles. Muchos automovilistas hacían sonar sus bocinas en apoyo a esa tímida microprotesta.
Sorprendentemente muchos, tomando en cuenta que hace un año y medio el PRO obtuvo en esta ciudad el 64,78% de los votos.
No nos extrañaría en absoluto que muchos de los que daban bocinazos a favor de los docentes hayan sido parte de ese porcentaje.
Cuando confronto a las personas que se quejan con el hecho de que ellos votaron al PRO, la respuesta más usual es que “todos los políticos son corruptos”.
De esa manera, mantienen su afirmación de haber votado contra el peronismo y vetan la gestión actual. Y también se lavan las manos.
La posición masiva que siento que ha tomado la sociedad es la de “ellos —políticos— son corruptos, nosotros —la gente— no. Los apoyamos en las elecciones, pero ya no los apoyamos. Nos mantenemos limpios”.
El razonamiento se sigue de “no me meto”, “me meto en mis cosas”, etc.

La raza más miserable de los humanos es la de los cobardes que, al ver una violación, miran rápido para otro lado y huyen.
El cobarde sentirá que está limpio, porque no violó, pero sabe que es cómplice del violador.

La sociedad argentina le ha dado un cheque en blanco para que gobiernen a unos clubes que tienen lazos carnales con otros clubes más poderosos.
En la historia argentina, el barro podrido de las clases bajas y medias les ha subido de vez en cuando. Siempre respondieron ganando el poder legal o ilegalmente, y haciendo retroceder la invasión.
Son esos clubes los que destituyeron a Yirigoyen y a Perón, y los que pusieron en el poder a los militares en 1976.
Este juego no tiene nada que ver con la Ley ni con la Democracia, ni con la Constitución.
Es una cuestión de intereses.
Ellos son los dueños. Quieren ser dueños de absolutamente todo, y si algo los amenaza, son capaces de cualquier cosa.
Ahí está el ministro de Educación diciendo que su plan es una nueva Campaña al Desierto.
El presidente del Banco Central diciendo que comprar un teléfono era una ilusión creada por el populismo.
El ministro de energía subiendo el gas 400% de un golpe.
Son perfectamente impunes.
Los militares que gobernaban en 1976 no se atrevían a tanto.
Bueno, estos son sus jefes.
El presidente dice que las escuelas públicas son instituciones a las que “se cae” y la vicepresidenta evalúa que deben suspenderse las próximas elecciones.

Quienes, entre los que se refugian en “son todos corruptos”, quisieran hacer algo, no ven qué pueden hacer.
Y realmente, no hay muchas vías de acción. La violenta escena de una sociedad gobernada por los clubes que hace 40 años pusieron militares para aterrorizarla, se completa con una oposición autocastrada, compuesta por un desbande de fuerzas que por alguna misteriosa razón abdicó del poder mucho antes de las elecciones del 2015.

No hay muchas vías de acción.
Pero hoy esos 10 docentes protestaron. Y mucha gente los estaba apoyando.

Este viernes 24 de marzo se cumplirá otro aniversario del inicio de la dictadura militar instaurada por la gente que hoy está en el Gobierno.
Las marchas evidenciarán en todo el país que la violencia inmunda que movió a torturar y matar con saña demoníaca a los militares, hoy está desatada en el poder.

Uno no tiene más que salir de su casa y acompañar la marcha. Tres cuadras. Dos. Una. Poner el cuerpo una cuadra.

El que no lo haga perderá absolutamente el derecho a indignarse.


El hijo de Mr. Six


Película de Guan Hu, recomendable para quien se pregunta qué sentimientos rondan en el corazón de los chinos.

El padre, un duro blandísimo por dentro.
El hijo, un adolescente idiota.
Entre ellos, la ausencia de la madre, que los hace mucho más pusilánimes.
El padre sabe que está muy enfermo del corazón. Los médicos le dicen que tiene que operarse de urgencia pero él huye cobardemente.
No le dijo nada al hijo.
Un día se pelean.
El padre le reprocha al hijo “¿qué vas a hacer de tu vida, eh?”
Y el hijo “¿y qué vas a hacer vos de la tuya? Te comportás como si estuvieras acabado, sólo para no enfrentar que nunca hiciste nada”.
Luego le recrimina que abandonó a su madre y a él, cuando él era un chico de 10 años. “¿Sabías que a mamá la atropelló un auto y que estuvo dos meses en el hospital? ¿Dónde estabas vos?”
La moral del padre tambalea.
Se tapa la cara con las dos manos.
“Lo que quiero de mi vida, dice al fin, es que estés conmigo”.






Rerenacimiento


Ya casi nos vamos quedando sin naturaleza.
Sólo tenemos el medio ambiente.
Creo que por eso aparece la admiración total por la naturaleza, como si nos sorprendiéramos de que exista algo que nosotros los humanos no domesticamos.
La consideramos otro mundo.
Pero pareciera que estamos condenados a tratar de reducir todo a nuestros miserables esquemas. Con esta nueva maniobra intentamos domesticar a la naturaleza haciendo de ella algo admirable, asombroso, fascinante. Algo parecido a lo que sucedió en el Renacimiento.
¿Qué haremos con esos portentos de la magia de la naturaleza?
Preservarlos.
Nos mandamos que “algo tenemos que hacer”.
¿Por qué?
La Naturaleza le ha sido dada por Dios al Hombre para que viva feliz.
¿Y qué hacemos con la Naturaleza que ya convertimos en mascota?
¿Y qué hacemos con la Naturaleza que no es fabulosa —o sea, casi toda la Naturaleza?






lunes, 20 de marzo de 2017

Ir volviendo


Leo nuevos libros, veo películas de nuevos directores y conozco gente nueva todo el tiempo.
Pero una parte de mí me dice que estoy siendo estúpido.

Que ya es hora de estar sólo con aquello a lo que pertenezco.









sábado, 18 de marzo de 2017

Los vascos


El amigo Juan All me amenazó como si esgrimiera en la mano una daga lista para clavarse en mis intestinos y salir chorreando sangre: “¡¿renegás de la raza de tu padre?!”

A los 20 años caí en la cuenta de que el apellido Nig era un bolazo. En los documentos decía Ng y la pronunciación se parecía a una n, ¿de dónde salió la i? Fue una ocurrencia de un escribano, para que pudiera ser pronunciado. Pero entonces ¿por qué no era nag, nug, ang, ngo, ango, enga, unger o mangiatutti? Eliminé la i y las pronunciaciones nig y nij que usábamos, y establecí el deletreo.
Fui el primer Ng que usó el deletreo, que produce un apellido diferente de idioma en idioma y que es tan bolazo como nig.

Se diría que el auténtico es el pronunciado con una de las n nasales del idioma cantonés.
Pero un día alguien anotó que ese era el apellido de un chino que luego heredó a sus hijos. Aquella remota anotación es también un bolazo, porque fue la ocurrencia de alguien.

Sin embargo, me sentí profundamente mal cuando otro amigo de San Nicolás me reprochó: “¿Así que ya no sos más Nig? ¿Así que ahora te llamás ‘ene-gé’?”
Una parte de mí le dio toda la razón.
Se me vino a la cabeza esa chamarrita que ordena “no te olvidés del pago si te vas a la ciudad”.
Yo estaba traicionando a mi padre Nig, a mi madre, señora de Nig, a mi hermana, a todos mis ancestros chinos.
Estaba la chamarrita y también Luis Landriscina, haciendo una marcha de desagravio por la presencia en Argentina de The Cure, y estaba Argentino Luna recomendando al amigo “mire que es lindo mi país, paisano, ¡rompa el boleto ese que tiene ahí!”, y hasta Rosendo Rimoldi Fraga con sus alaridos patrióticos: “¡Argentino! ¡Argentino! ¡Argentino hasta la muerte!”

Este segundo amigo es de apellido Eseverri: vasco. No sé si habrá traicionado su sangre vasca.
Por ejemplo, si ignorás tu ascendencia ¿la traicionás?
“Yo soy argentino, nací en esta tierra”, he escuchado. Pero ¿no es renegar de la sangre de tus padres o abuelos andar declamando “yo no soy gringo” o “no soy gallego”?

En los últimos años me he dado a cultivar mi origen chino.
Inicié un medio de comunicación para relacionar Argentina con China, viajé a Guangdong a conocer la casa donde nació mi padre, tengo trato con la colectividad china en Argentina.
Puedo decir “soy chino”.
Pero esa declaración es un poco equívoca porque implica en mayor o menor medida que no soy otra cosa.
Los orígenes tienden a ser concebidos como exclusivos.

Si yo mañana salgo a decir que soy vasco, después de haber hecho tan fuerte afirmación de ser chino, voy a producir desde risa hasta la certeza de que soy un avivado porque soy “lo que conviene” en cada ocasión.

Y sin embargo, ¿quién es exclusivamente vasco, o italiano o gallego?
Alguien puede decir que sus antepasados son todos vascos, pero los vascos llegaron de algún otro lugar, porque el País Vasco no estuvo siempre habitado.

Todos los humanos son producto de una mezcla que surgió de los flujos y reflujos de población mundial a lo largo de cientos de miles de años. Hay diferencias de aspecto o estructura que pueden ser muy evidentes, pero en el conjunto de nuestra forma son despreciables. Todos los humanos estuvimos conectados por una red por la que fluyeron los genes -de otra manera habría razas humanas, o sea personas cuya distancia genética impediría que den descendencia.

La idea de pureza racial (o religiosa, o cultural) suele aparecer cuando un sector o una determinada sociedad quiere someter a los demás. La pureza suele esgrimirse como justificación del sometimiento.
Esto va desde el nazismo con su raza aria, hasta las familias tradicionales de San Nicolás que se sienten con más derecho a la ciudad que los negros que llegaron después.

Así que acá nos tienen, con desparpajado orgullo, a Tissera, apellido es de origen italiano, y a Ng, de origen chino, unidos por el origen vasco.